Páginas vistas en total

martes, 20 de abril de 2010

Objectes amb personalitat - "Intercanvis"

La historia que sigue no hubiera sucedido sin la curiosidad de Carlos López, especialista en literatura del siglo XIX y becario en la Universidad de Barcelona que, mientras trabajaba en la obra de James M. Barrie, se detuvo a analizar con atención las correcciones y notas que éste dejó en el manuscrito original de “Los niños perdidos”, texto poco conocido del autor de Peter Pan.
Con creciente interés, Carlos fue anotando las referencias a “armas que escupen rayos verdes”, “ejército marciano hostil”, y otras similares que abundaban en el texto, todas ellas escritas en los márgenes y posteriormente tachadas. Experto en su tema, no se le escapó la relación evidente con la obra más conocida de H. G. Wells, contemporáneo de Barrie y precursor de la literatura de extraterrestres, tema que nunca había interesado a James M. Barrie.
Una vez superada su incredulidad, Carlos recordó que su colega Restelli estaba trabajando en un estudio sobre el autor de “La Guerra de los mundos”. Buen conocedor de sus costumbres, encontró a Restelli en la barra del bar de la Facultad, delante de un humeante cortado y disponiéndose a atacar un sabroso bocadillo de jamón. Tras saludarle, se sentó a su lado y, sin más, le empezó a relatar ordenadamente su hallazgo mientras le mostraba las notas de trabajo. Restelli le escuchó sin interrumpirle, mientras Carlos dudaba sobre si estaba más interesado en su relato o en el bocadillo que, poco a poco, iba desapareciendo en su boca. Cuando terminaron, más o menos al mismo tiempo, relato y bocadillo, Restelli pidió a Carlos que le acompañara a su mesa de trabajo.
Una vez allí, extrajo de un cajón una carpeta etiquetada como H. G. Wells, de la que sacó varias hojas amarillentas que entregó a su colega. Éste pudo observar que, entre el texto manuscrito, los papeles contenían unos sorprendentes dibujos de palmeras, piratas y hadas volando por el cielo, todos ellos trazados con tinta negra que, a pesar de su antigüedad, se mantenía correctamente fijada en el papel. Carlos, reconociendo que no entendía nada, miró interrogativamente a Restelli que sonriendo murmuraba:
-Entonces era verdad…
Viendo que la expresión de su interlocutor pasaba de la curiosidad a la exigencia de aclaraciones, continuó:
-Verás, ¿sabes fue Lewis Edson Waterman?
- ¿Waterman?, ¿El de las estilográficas?
-Efectivamente, Lewis E. Waterman inventó la estilográfica en 1.883. Se cuenta que, para popularizar su invento, regaló algunas unidades a famosos escritores de su época. Aunque fueron pocos los que se atrevieron a usarla para su trabajo, parece ser que tanto a Wells como a Barrie les gustó la novedad y, aunque alejados tanto ideológicamente como en sus temáticas, compartieron a menudo sus experiencias literarias. La leyenda dice que, accidentalmente, en uno de sus encuentros, intercambiaron sus plumas, lo que habría provocado resultados sorprendentes en su obra posterior. Personalmente nunca lo había creído.
Se hizo un silencio. Su mente literaria imaginaba el efecto que podía causar el intercambio de lápices, plumas y ordenadores de diferentes personas. Fue Restelli quien lo rompió.
-Pero bueno, está claro que nadie va a creer a 2 becarios imaginativos, ¿no crees?
-Por supuesto, ¡vaya idea!, Aún nos caería una bronca por perder el tiempo en tonterías.
-¿Te apetece un cortadito?

No hay comentarios:

Publicar un comentario